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Alejandro gives an overview of the book:

En la tradición de autores como Ursula LeGuin e Isaac Asimov, esta es la historia de un joven descubriendo algo desconocido para su pueblo: el miedo, y todo el poder contenido en él.
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En la tradición de autores como Ursula LeGuin e Isaac Asimov, esta es la historia de un joven descubriendo algo desconocido para su pueblo: el miedo, y todo el poder contenido en él.

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Extracto del Capítulo I:


 

 

Los ancianos y los rastreadores ya estaban reunidos en torno a la escena de la desaparición cuando Arlan llegó hasta ellos. Se acercó lentamente, sin hacer ruido. Garion lo oyó llegar, de algún modo, y se volvió hacia él. Le dirigió una mirada con un mensaje muy claro: puedes mirar, pero no tocar.El rastreador más joven, Thon, fue el primero en hablar. Él y los otros rastreadores habían establecido un círculo de cinco pasos alrededor del lugar donde la sandalia yacía sobre la hierba. Indicaron a los observadores que se quedaran quietos. Era importante, explicó uno de ellos, no agregar más pisadas que pudieran difuminar el rastro.—Aquí están las pisadas de Shan —dijo Thon— ¿Saliste en esta dirección hacia la sala comunal, no es así?—Si. Caminé hacia allí directamente.—¿Donde durmieron? —preguntó el rastreador más viejo, Vaal, que ya no veía pero cuyas dotes de deducción seguían siendo eximias.Shan les indicó con el dedo un punto donde la hierba había sido aplastada, ostensiblemente por el peso de un hombre durmiente.—Allí dormí yo. Oocer había tomado el turno anterior, y se había acostado unos pasos a la derecha, más cerca de los árboles.—¿Cuál fue la rutina de la vigilancia? —inquirió Vaal.Shan pareció confundido, y tardó unos momentos en rememorar.—Vinimos una hora antes del atardecer. Dejamos nuestros bultos en el suelo, al lado del lugar donde después me acosté. Clavamos tres estacas con teas en la tierra, allí las pueden ver todavía. —dijo, y señaló hacia el oeste, el este y el sur. Las estacas estaban a unos quince pasos de donde se encontraban ahora.Shan prosiguió su relato, mientras los demás comenzaban sus deducciones.—Encendimos las antorchas apenas cayó la noche, para formar un círculo de luz. Las antorchas tienen una placa de madera y cuero debajo, como verán, para evitar que una chispa encienda la hierba. Eso fue idea mía. —dijo con cierto orgullo. —Los guardias al norte y al oeste hicieron lo mismo, nos pusimos de acuerdo ayer en establecer un perímetro de luz en cada acceso, a cierta distancia de las barricadas. Desde aquí se puede dominar con la vista todo el paso hacia el valle interno.—¿Por qué no colocaron una cuarta antorcha, hacia el norte? – preguntó Garion.—¿Para qué? El peligro viene de afuera.O ya está adentro, pensó Arlan, y cuando miró a Garion y Dahl, le pareció que a ambos se les había ocurrido lo mismo.—¿Y qué ocurrió después? —preguntó Dahl, ansioso.—Nada. Hicimos un fuego pequeño, aquí —señaló un agujero en la tierra del tamaño de una cabeza humana. —Cocinamos un poco de carne con hierbas y comimos, mirando siempre hacia el sur. Luego, tres horas antes de la medianoche, Oocer tomó el primer turno de guardia y yo me acosté donde les señalé. Tres horas después, lo relevé, y él se acostó en el otro punto que les mostré. Fui a despertarlo luego de otras tres horas para que me relevara, me acosté nuevamente, y cuando desperté, ya no estaba. Lo único que había dejado atrás era su sandalia.—¿Y no escuchaste ningún ruido mientras dormías? —preguntó Garion.—No. Ningún ruido. De hecho, Oocer me comentó ese mismo hecho: no escuchamos ningún ruido. No se oía a ningún ave nocturna, ninguna alimaña. Sólo los insectos parecían animarse a emitir sonidos.—Mmmhmm… ¿Qué piensan ustedes? —preguntó Garion a los rastreadores.Thon no se animó a aventurar una respuesta, se limitó a mirar a Vaal y esperar su veredicto. Maht, el otro rastreador, estaba muy ocupado con el rostro a la altura del piso, como un animal pastando. Finalmente, Vaal rompió el silencio.—Mi vida ha sido muy larga. He pasado numerosas noches solo bajo la luna y las estrellas, sin ningún otro colono a mi lado. He recorrido el sendero desde las montañas al mar, y he visto la niebla cubrir los valles como nubes caídas. Pero en todos mis días y noches, nunca he dejado de escuchar el ruido de los animales nocturnos. De ser así, si las aves y las alimañas han callado, me temo que alguna sombra más profunda que la de las montañas circundantes ha caído sobre este valle.Garion se frotó la sien, luego el  rostro.—¿Qué crees que pueda haber tenido ese efecto? Asumiendo que Oocer y Shan no estaban equivocados… ¿qué podría hacerlos callar?—Me estás pidiendo que encuentre una respuesta familiar a una incógnita nueva, amigo —respondió Vaal.— Nada que haya en mi memoria puede servirnos en este caso.En ese momento, Maht pareció terminar su reconocimiento, pues se incorporó lentamente y se frotó la barba, ahora entrelazada con hierbas.—Nadie más pasó por aquí —dijo.—¿Cómo dices?Maht dio un paso en una, luego en otra dirección, finalmente se agachó al lado de los restos de la fogata.—No hay otras huellas más que las de estos dos. ¿Ven aquí? Es el rastro de  Oocer y Shan cuando llegaron. Dos pares de huellas pesadas, inclinando la hierba bajo el peso de sus alforjas. Luego las huellas, más livianas pero a intervalos regulares, en direcciones opuestas, hacia las estacas. El que puso la estaca este también colocó la del sur, ya que siguió una diagonal desde la primera estaca. Luego ambas huellas confluyen en el lugar del fuego, y se ve donde estuvieron sentados porque la hierba está aplastada y de un verde más tenue, por el calor de los cuerpos. Pero la fogata no ardió toda la noche, ¿no es así?Shan no se percató de que la pregunta iba dirigida a él hasta que todos miraron en su dirección.—Debería haberlo hecho. Estaba encendida cuando tomé mi último descanso, pero cuando desperté antes del alba y Oocer había desaparecido, ninguno de los fuegos estaba encendido.Ahora todos lo miraban, Vaal con cara de reproche, Garion de incredulidad.—Olvidé mencionarlo. No creí que fuera importante, pero era una posibilidad que las antorchas se apagaran. Generalmente, con la cantidad de madera y agua mala con que las llenamos, suelen durar muchas horas, pero una ventisca fuerte las podría haber apagado.—¿Podemos saber por qué se apagaron los fuegos? —preguntó Garion a Maht.Maht reemprendió su reconocimiento del terreno, en dirección a las estacas. Thon, completamente superado por el otro rastreador, se acuclilló frente al hueco de la fogata, intentando descifrar lo que decían las ascuas frías.—Éste parece haberse agotado naturalmente —dijo— Los restos son muy pequeños, y completamente cubiertos de ceniza. No hay dispersión de las cenizas, como en el caso de un viento fuerte, ni le han arrojado tierra para apagarlo.Arlan, olvidado por sus mayores, se inclinó por sobre la cabeza de Thon para observar. Al incorporarse éste repentinamente, golpeó a Arlan en el mentón, haciéndole soltar el hacha, que pasó a un dedo de distancia del pie de Thon.—¡Chico inútil! —gritó, agitado— ¡Casi me dejas tullido! ¡Ten más cuidado con esa cosa!Arlan se apresuró a tomar su hacha antes de que alguien decidiera quitársela como castigo por su imprudencia, y se retiró nuevamente fuera del círculo de los mayores.Maht volvió entretanto de su investigación del perímetro, y después de un minuto en silencio pronunció su veredicto.—Los fuegos se apagaron uno después del otro.—¿Cómo? —preguntó Arlan, y fue rápidamente acallado con una mirada iracunda de Garion.—Es la única conclusión. Ya había visto que la fogata se apagó sola —dijo, quitando la satisfacción por su descubrimiento del rostro de Thon— Podría haberse apagado última, después de la desaparición, pero eso no explicaría por qué se apagaron las otras. Lo que creo que sucedió es lo siguiente. Oocer se quedó dormido, y no se dio cuenta que la fogata se extinguía. Quizás se despertó sólo, pero lo más probable es que algún ruido lo haya sobresaltado. Al ver la fogata apagada, se dirigió a la antorcha del este para prender otra tea para renovar el fuego.Maht siguió el camino hipotético de Oocer y estudió detenidamente el suelo cerca de la antorcha, para luego seguir algún rastro perceptible únicamente para él, con el rostro a ras del piso, hacia la antorcha oeste, pasando nuevamente frente al atónito grupo de espectadores. Finalmente, y caminando más erguido, se dirigió hacia la antorcha sur, y regresó ante su audiencia con una media sonrisa, la primera que le veían.—Ahora entiendo lo que sucedió. No había visto las otras huellas en mi primera pasada, porque estaban muy espaciadas. Pero es claro como agua de manantial: Oocer se dirigió primero a la antorcha este, como dije antes. Hasta aquí su paso era normal. Pero luego se dirigió, con más velocidad, a la antorcha del oeste. Aquí incluso se ve que en un momento gira medio cuerpo hacia la izquierda para observar a sus espaldas. Pero al llegar a la otra antorcha, algo sucede, porque sale, a mayor velocidad todavía, corriendo diría, hacia la antorcha del sur. Allí desaparece su rastro.Todos se quedaron pensativos. Había mucha especulación en lo que decía Maht, aunque el rastreador parecía estar muy seguro de sus conclusiones. Pero Garion tenía varias dudas rondando en su cabeza.—¿Cómo sabes que ése fue el orden en que recorrió las antorchas? ¿Cómo sabes que esas huellas no son anteriores, de cuando encendieron las antorchas?—Es muy claro, nuevamente. Si observan bien, verán que cuando Oocer va de la estaca este hacia la antorcha oeste, a mitad de camino pierde su sandalia allí donde la encontramos, y recorre el resto de ese tramo y el siguiente con un sólo pie calzado. Es imposible que fuera anterior, y no hay más huellas en ninguna parte que indiquen la diferencia en el andar que evidencia la falta de una sandalia. Arlan no entendía la mayoría de lo que se había dicho, pero entendía la conclusión: Oocer había desaparecido al lado de la antorcha sur. Algo había apagado la antorcha del este, y por ello se había dirigido, ya sobresaltado, a la otra antorcha. Pero nuevamente algo había extinguido la llama, y ya aterrado, había corrido a los tropezones hacia la última luz, y allí terminaba su historia.—¿Por qué no me despertó? —dijo Shan, con la voz quebrada —¿Cómo no lo escuché?—No lo sé —dijo Maht— Quizás se asustó, simplemente, y no atinó a elevar la alarma. El miedo hace que la gente haga cosas impensadas. Quizás cuando pasó al lado de donde dormías, en su camino a la segunda antorcha, no pensó que fuera importante como para interrumpir tu sueño. Y cuando se apagó la segunda antorcha, y se dio cuenta de lo que ocurría, quiso correr a la última antorcha antes de que ésta a su vez se apagara. No sé por qué no gritó, puede haber sido el apuro.Y la voz de Arlan se alzó nuevamente, apenas superior a un susurro.—O quizás tenía miedo a que lo que apagó los fuegos lo oyera.

Los ancianos y los rastreadores ya estaban reunidos en torno a la escena de la desaparición cuando Arlan llegó hasta ellos. Se acercó lentamente, sin hacer ruido. Garion lo oyó llegar, de algún modo, y se volvió hacia él. Le dirigió una mirada con un mensaje muy claro: puedes mirar, pero no tocar.
El rastreador más joven, Thon, fue el primero en hablar. Él y los otros rastreadores habían establecido un círculo de cinco pasos alrededor del lugar donde la sandalia yacía sobre la hierba. Indicaron a los observadores que se quedaran quietos. Era importante, explicó uno de ellos, no agregar más pisadas que pudieran difuminar el rastro.
—Aquí están las pisadas de Shan —dijo Thon— ¿Saliste en esta dirección hacia la sala comunal, no es así?
—Si. Caminé hacia allí directamente.
—¿Donde durmieron? —preguntó el rastreador más viejo, Vaal, que ya no veía pero cuyas dotes de deducción seguían siendo eximias.Shan les indicó con el dedo un punto donde la hierba había sido aplastada, ostensiblemente por el peso de un hombre durmiente.
—Allí dormí yo. Oocer había tomado el turno anterior, y se había acostado unos pasos a la derecha, más cerca de los árboles.
—¿Cuál fue la rutina de la vigilancia? —inquirió Vaal.
Shan pareció confundido, y tardó unos momentos en rememorar.
—Vinimos una hora antes del atardecer. Dejamos nuestros bultos en el suelo, al lado del lugar donde después me acosté. Clavamos tres estacas con teas en la tierra, allí las pueden ver todavía. —dijo, y señaló hacia el oeste, el este y el sur. Las estacas estaban a unos quince pasos de donde se encontraban ahora.Shan prosiguió su relato, mientras los demás comenzaban sus deducciones.
—Encendimos las antorchas apenas cayó la noche, para formar un círculo de luz. Las antorchas tienen una placa de madera y cuero debajo, como verán, para evitar que una chispa encienda la hierba. Eso fue idea mía. —dijo con cierto orgullo. —Los guardias al norte y al oeste hicieron lo mismo, nos pusimos de acuerdo ayer en establecer un perímetro de luz en cada acceso, a cierta distancia de las barricadas. Desde aquí se puede dominar con la vista todo el paso hacia el valle interno.
—¿Por qué no colocaron una cuarta antorcha, hacia el norte? – preguntó Garion.
—¿Para qué? El peligro viene de afuera.
O ya está adentro, pensó Arlan, y cuando miró a Garion y Dahl, le pareció que a ambos se les había ocurrido lo mismo.
—¿Y qué ocurrió después? —preguntó Dahl, ansioso.
—Nada. Hicimos un fuego pequeño, aquí —señaló un agujero en la tierra del tamaño de una cabeza humana. —Cocinamos un poco de carne con hierbas y comimos, mirando siempre hacia el sur. Luego, tres horas antes de la medianoche, Oocer tomó el primer turno de guardia y yo me acosté donde les señalé. Tres horas después, lo relevé, y él se acostó en el otro punto que les mostré. Fui a despertarlo luego de otras tres horas para que me relevara, me acosté nuevamente, y cuando desperté, ya no estaba. Lo único que había dejado atrás era su sandalia.
—¿Y no escuchaste ningún ruido mientras dormías? —preguntó Garion.
—No. Ningún ruido. De hecho, Oocer me comentó ese mismo hecho: no escuchamos ningún ruido. No se oía a ningún ave nocturna, ninguna alimaña. Sólo los insectos parecían animarse a emitir sonidos.
—Mmmhmm… ¿Qué piensan ustedes? —preguntó Garion a los rastreadores.
Thon no se animó a aventurar una respuesta, se limitó a mirar a Vaal y esperar su veredicto. Maht, el otro rastreador, estaba muy ocupado con el rostro a la altura del piso, como un animal pastando. Finalmente, Vaal rompió el silencio.
—Mi vida ha sido muy larga. He pasado numerosas noches solo bajo la luna y las estrellas, sin ningún otro colono a mi lado. He recorrido el sendero desde las montañas al mar, y he visto la niebla cubrir los valles como nubes caídas. Pero en todos mis días y noches, nunca he dejado de escuchar el ruido de los animales nocturnos. De ser así, si las aves y las alimañas han callado, me temo que alguna sombra más profunda que la de las montañas circundantes ha caído sobre este valle.
Garion se frotó la sien, luego el  rostro.
—¿Qué crees que pueda haber tenido ese efecto? Asumiendo que Oocer y Shan no estaban equivocados… ¿qué podría hacerlos callar?
—Me estás pidiendo que encuentre una respuesta familiar a una incógnita nueva, amigo —respondió Vaal.— Nada que haya en mi memoria puede servirnos en este caso.
En ese momento, Maht pareció terminar su reconocimiento, pues se incorporó lentamente y se frotó la barba, ahora entrelazada con hierbas.
—Nadie más pasó por aquí —dijo.
—¿Cómo dices?
Maht dio un paso en una, luego en otra dirección, finalmente se agachó al lado de los restos de la fogata.
—No hay otras huellas más que las de estos dos. ¿Ven aquí? Es el rastro de  Oocer y Shan cuando llegaron. Dos pares de huellas pesadas, inclinando la hierba bajo el peso de sus alforjas. Luego las huellas, más livianas pero a intervalos regulares, en direcciones opuestas, hacia las estacas. El que puso la estaca este también colocó la del sur, ya que siguió una diagonal desde la primera estaca. Luego ambas huellas confluyen en el lugar del fuego, y se ve donde estuvieron sentados porque la hierba está aplastada y de un verde más tenue, por el calor de los cuerpos. Pero la fogata no ardió toda la noche, ¿no es así?
Shan no se percató de que la pregunta iba dirigida a él hasta que todos miraron en su dirección.
—Debería haberlo hecho. Estaba encendida cuando tomé mi último descanso, pero cuando desperté antes del alba y Oocer había desaparecido, ninguno de los fuegos estaba encendido.
Ahora todos lo miraban, Vaal con cara de reproche, Garion de incredulidad.
—Olvidé mencionarlo. No creí que fuera importante, pero era una posibilidad que las antorchas se apagaran. Generalmente, con la cantidad de madera y agua mala con que las llenamos, suelen durar muchas horas, pero una ventisca fuerte las podría haber apagado.
—¿Podemos saber por qué se apagaron los fuegos? —preguntó Garion a Maht.
Maht reemprendió su reconocimiento del terreno, en dirección a las estacas. Thon, completamente superado por el otro rastreador, se acuclilló frente al hueco de la fogata, intentando descifrar lo que decían las ascuas frías.
—Éste parece haberse agotado naturalmente —dijo— Los restos son muy pequeños, y completamente cubiertos de ceniza. No hay dispersión de las cenizas, como en el caso de un viento fuerte, ni le han arrojado tierra para apagarlo.
Arlan, olvidado por sus mayores, se inclinó por sobre la cabeza de Thon para observar. Al incorporarse éste repentinamente, golpeó a Arlan en el mentón, haciéndole soltar el hacha, que pasó a un dedo de distancia del pie de Thon.
—¡Chico inútil! —gritó, agitado— ¡Casi me dejas tullido! ¡Ten más cuidado con esa cosa!
Arlan se apresuró a tomar su hacha antes de que alguien decidiera quitársela como castigo por su imprudencia, y se retiró nuevamente fuera del círculo de los mayores.
Maht volvió entretanto de su investigación del perímetro, y después de un minuto en silencio pronunció su veredicto.
—Los fuegos se apagaron uno después del otro.
—¿Cómo? —preguntó Arlan, y fue rápidamente acallado con una mirada iracunda de Garion.
—Es la única conclusión. Ya había visto que la fogata se apagó sola —dijo, quitando la satisfacción por su descubrimiento del rostro de Thon— Podría haberse apagado última, después de la desaparición, pero eso no explicaría por qué se apagaron las otras. Lo que creo que sucedió es lo siguiente. Oocer se quedó dormido, y no se dio cuenta que la fogata se extinguía. Quizás se despertó sólo, pero lo más probable es que algún ruido lo haya sobresaltado. Al ver la fogata apagada, se dirigió a la antorcha del este para prender otra tea para renovar el fuego.
Maht siguió el camino hipotético de Oocer y estudió detenidamente el suelo cerca de la antorcha, para luego seguir algún rastro perceptible únicamente para él, con el rostro a ras del piso, hacia la antorcha oeste, pasando nuevamente frente al atónito grupo de espectadores. Finalmente, y caminando más erguido, se dirigió hacia la antorcha sur, y regresó ante su audiencia con una media sonrisa, la primera que le veían.
—Ahora entiendo lo que sucedió. No había visto las otras huellas en mi primera pasada, porque estaban muy espaciadas. Pero es claro como agua de manantial: Oocer se dirigió primero a la antorcha este, como dije antes. Hasta aquí su paso era normal. Pero luego se dirigió, con más velocidad, a la antorcha del oeste. Aquí incluso se ve que en un momento gira medio cuerpo hacia la izquierda para observar a sus espaldas. Pero al llegar a la otra antorcha, algo sucede, porque sale, a mayor velocidad todavía, corriendo diría, hacia la antorcha del sur. Allí desaparece su rastro.
Todos se quedaron pensativos. Había mucha especulación en lo que decía Maht, aunque el rastreador parecía estar muy seguro de sus conclusiones. Pero Garion tenía varias dudas rondando en su cabeza.
—¿Cómo sabes que ése fue el orden en que recorrió las antorchas? ¿Cómo sabes que esas huellas no son anteriores, de cuando encendieron las antorchas?
—Es muy claro, nuevamente. Si observan bien, verán que cuando Oocer va de la estaca este hacia la antorcha oeste, a mitad de camino pierde su sandalia allí donde la encontramos, y recorre el resto de ese tramo y el siguiente con un sólo pie calzado. Es imposible que fuera anterior, y no hay más huellas en ninguna parte que indiquen la diferencia en el andar que evidencia la falta de una sandalia. Arlan no entendía la mayoría de lo que se había dicho, pero entendía la conclusión: Oocer había desaparecido al lado de la antorcha sur. Algo había apagado la antorcha del este, y por ello se había dirigido, ya sobresaltado, a la otra antorcha. Pero nuevamente algo había extinguido la llama, y ya aterrado, había corrido a los tropezones hacia la última luz, y allí terminaba su historia.
—¿Por qué no me despertó? —dijo Shan, con la voz quebrada —¿Cómo no lo escuché?
—No lo sé —dijo Maht— Quizás se asustó, simplemente, y no atinó a elevar la alarma. El miedo hace que la gente haga cosas impensadas. Quizás cuando pasó al lado de donde dormías, en su camino a la segunda antorcha, no pensó que fuera importante como para interrumpir tu sueño. Y cuando se apagó la segunda antorcha, y se dio cuenta de lo que ocurría, quiso correr a la última antorcha antes de que ésta a su vez se apagara. No sé por qué no gritó, puede haber sido el apuro.
Y la voz de Arlan se alzó nuevamente, apenas superior a un susurro.
—O quizás tenía miedo a que lo que apagó los fuegos lo oyera.

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Si bien es mi tercer novela, es la primera que ve la luz como obra completa. Es una novela corta, que bordea varios géneros (ciencia ficción-suspenso-tragedia) sin casarse con ninguno. La mejor manera de definirla es como la historia mìtica del paso a la madurez de un joven que trae consigo (posiblemente) la ruina de todo un pueblo. Es un tratado sobre el amor, el odio y el miedo, y sobre lo fácil que se difuminan los límites entre uno y otro.

Las críticas que he recibido son muy positivas, esa cualidad que atraviesa los géneros la hace abordable para todo tipo de públicos, y admite varios niveles de lectura. Puede ser leída simplemente como una novela de aventuras, pero el lector más avezado detectará un trasfondo filosófico que permea toda su estructura, y que yace en el centro de la trama como una dicotomía oculta.

About Alejandro

I'm a writer, working in novel-form and short stories. My published works are mostly in the academic field (contemporary philosophy and literature), but combining the "essay style" with fiction-writing. 

I believe wholeheartedly in cross-pollination of ideas...

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